Qué atendemos·Pareja y familia
Terapia de pareja.
Todavía hay amor, pero convivir agotó y ya no se puede hablar sin terminar peleando.
La mayoría de las parejas no llega por una crisis única, sino por una conversación que lleva años sin poder tenerse. Las discusiones se repiten con el mismo guion, los temas se vuelven minas, y aparece un silencio que no es calma sino renuncia. A veces hay una herida concreta —una infidelidad, una decisión que se tomó sin el otro— y a veces solo desgaste. Esta página es para revisar la relación entera. Si lo que más pesa es cómo discuten, mira comunicación y convivencia.
Lo que casi nunca falla es esto: los dos tienen razón en algo y ninguno se siente escuchado.
Cuándo conviene consultar
- Las discusiones terminan siempre en el mismo lugar, sin importar por qué empezaron.
- Hay temas que ya nadie toca para no pelear.
- Viven como compañeros de casa. Se organizan bien, pero hace tiempo que no se cuentan nada.
- Hubo una herida y ninguno sabe cómo seguir. Una infidelidad, una mentira o algo que se decidió a espaldas del otro.
- Se acerca algo grande, como tener hijos, mudarse o separarse, y no logran hablarlo sin pelear.
Consultar no obliga a seguir juntos. Algunas parejas usan el proceso para reconstruir la relación y otras para separarse con menos daño, sobre todo cuando hay hijos de por medio.
Cómo empieza el proceso
La valoración inicial tiene tres pasos, y están pensados para que nadie hable delante de quien lo condiciona.
- Primera sesión, los dos juntos. Para entender qué está pasando ahora y qué los trae, escuchando las dos versiones en el mismo espacio.
- Una sesión individual con cada uno, de unos 50 minutos. Aquí aparece lo que no se dice delante del otro, y es la parte que más orienta el trabajo. En algunos casos se aplica el MMPI-2-RF para complementar esta lectura.
- Devolución clínica y plan. Se les cuenta a los dos qué se vio, y se acuerda qué se va a trabajar y cómo. Nadie sale de la valoración sin saber en qué consiste lo que sigue.
Antes de agendar pueden responder los cuestionarios de pareja: comunicación, confianza y conexión. Son gratuitos, se contestan en pocos minutos y sirven para llegar con algo concreto sobre la mesa. Ningún cuestionario reemplaza la valoración profesional — son un punto de partida, no un diagnóstico.
Cómo se trabaja
Depende de lo que muestre la valoración. Con frecuencia: los ciclos de discusión que se repiten y cómo interrumpirlos, la reparación de la confianza cuando hay una herida, la distancia emocional que se instaló sin que nadie la decidiera, y los acuerdos concretos de convivencia. El enfoque se elige según el caso — cuando el problema central es la escalada en las discusiones, se trabaja con herramientas de terapia dialéctica conductual.
Si en el camino se ve que uno de los dos necesita además un proceso individual, se dice. La terapia de pareja no sustituye lo que a alguien le corresponde trabajar por su cuenta.
Qué esperar
Hay un patrón bastante reconocible en el arco de un proceso de pareja. Las primeras sesiones suelen traer alivio y, con él, una tregua — se habla, se está mejor, y aparece la tentación de dejarlo ahí. Esa paz temprana es frágil: baja la tensión pero todavía no ha cambiado la secuencia que la producía. Por eso las parejas que abandonan en ese punto suelen volver al mismo sitio unos meses después.
El tramo siguiente es el incómodo, porque es donde se habla de lo que estaba debajo de la discusión. Es también donde se produce el cambio que se sostiene. Lo que mejor predice un buen resultado no es la gravedad del conflicto sino cuándo se consulta. Las parejas que llegan cuando todavía queda afecto tienen más con qué trabajar que las que llegan como último trámite antes de separarse.
Si uno de los dos no quiere venir
Pasa a menudo, y no es motivo para no empezar. Quien sí quiere puede pedir una primera cita individual para ordenar lo que está viviendo y pensar cómo proponerle la consulta al otro. A veces la otra persona acepta después, cuando entiende que nadie la va a juzgar ni le van a decir quién tiene la culpa.
Preguntas frecuentes
¿Por qué hay sesiones individuales si venimos como pareja?
Porque hay cosas que nadie dice delante de la persona con quien está en conflicto. En la valoración hay una sesión con cada uno, y suele ser la parte que más orienta el trabajo. En la devolución final, los dos escuchan qué se vio y qué se propone.
¿El terapeuta va a decir quién tiene la razón?
No. La consulta no es un tribunal. Casi siempre los dos ven algo cierto y ninguno se siente escuchado. El trabajo mira la secuencia que se repite entre ustedes, no busca un culpable.
¿Sirve si hubo una infidelidad?
Sí. Cuando hay una herida concreta, reparar la confianza es uno de los temas que se trabajan. Primero se valora qué pasó y en qué punto está cada uno, y desde ahí se acuerda cómo seguir. Si alguno necesita además un proceso propio, también se dice con claridad.
Ya estamos mejor. ¿Podemos dejarlo ahí?
Es una tentación frecuente. Las primeras sesiones suelen traer alivio, pero la tensión baja mucho antes de que cambie la forma de discutir que la producía. Por eso conviene revisarlo juntos con el terapeuta y no cerrar en la primera tregua.
¿Podemos hacerla en línea?
Sí. Puede ser desde cualquier lugar de Colombia, o en persona en Bogotá y en Cajicá si lo prefieren. La consulta es particular y no pasa por la EPS. La sesión cuesta $200.000.
Cuando en la relación hay violencia física, sexual o económica, la terapia de pareja no es lo indicado. Sentar a las dos personas a negociar cuando una tiene poder sobre la otra puede aumentar el riesgo. Eso se atiende de otra manera y se dice desde la primera sesión. Para buscar ayuda, .
Dónde y cómo
Presencial en Bogotá y Cajicá, y en línea desde cualquier lugar de Colombia. La consulta es particular, sin trámite de autorización. La sesión cuesta $200.000 — tarifa publicada, sin sorpresas.
También atendemos
- InfidelidadCuando la herida concreta es esa y hay que decidir qué sigue.
- Comunicación y convivenciaSi lo que se repite son las discusiones y el silencio.
- Terapia familiarCuando el conflicto incluye a los hijos o a la familia extensa.
- Dependencia emocionalSi uno de los dos siente que no puede irse aunque quiera.