Qué atendemos·Niños, adolescentes y aprendizaje
Conducta en niños.
Los berrinches, los «no» y las peleas por cada rutina tienen a la casa sin aire.
La hora del baño termina en gritos. Apagar la pantalla es una batalla. Una salida al supermercado acaba con tu hijo o tu hija en el piso, y contigo sin saber qué hacer mientras todos miran. Ya probaste hablar, castigar, premiar y ceder. Cada cosa funcionó un par de días.
Los berrinches y los desafíos hacen parte del desarrollo, sobre todo en los primeros años, cuando un niño todavía está aprendiendo a manejar la frustración. A veces se vuelven tan frecuentes o tan intensos que la casa empieza a girar alrededor de ellos. Eso no quiere decir que tu hijo sea malo, ni que tú lo estés haciendo mal. Muchas veces se arma un círculo que nadie eligió: el niño insiste, el adulto cede o explota, y la escena se repite al día siguiente.
Cuándo conviene consultar
- Las rabietas son casi diarias y duran mucho, o siguen siendo frecuentes a una edad en la que ya suelen ceder.
- Pasa en varios lugares. Además de la casa, también en el colegio, con los abuelos o en las visitas.
- Cuando se enoja hay golpes, mordiscos o cosas rotas, hacia otros o hacia sí mismo.
- En casa ya se habla poco porque cada conversación termina en pelea, y entre los adultos aparecen desacuerdos sobre cómo responder.
- Te sientes sin herramientas, sin energía o con más gritos de los que quisieras.
No hace falta esperar a que el colegio lo pida, ni saber qué le pasa, para consultar. La primera conversación sirve para entender en qué situaciones ocurre y qué se ha intentado.
Cómo se trabaja
El trabajo es con el niño y también con los adultos que lo cuidan. La razón es práctica: las situaciones difíciles pasan en casa, y ahí quienes pueden cambiar la escena son ustedes. Por eso una parte del proceso es el entrenamiento parental, un enfoque con amplio respaldo para estas dificultades.
- Mirar las escenas de cerca. Se revisa qué pasó antes del berrinche, qué pasó durante y cómo terminó. Ahí suele estar la pista de qué lo mantiene.
- Dar más atención a lo que sí funciona. Un rato de juego a solas con el niño, sin correcciones, y elogios concretos cuando hace lo que se le pidió. Suele cambiar el clima de la casa antes que cualquier castigo.
- Instrucciones que se pueden cumplir. Una a la vez, cortas y dichas de cerca. Se dice qué hacer, en lugar de qué no hacer.
- Consecuencias tranquilas y previsibles. Pocas, acordadas de antemano y aplicadas sin gritos, para que el límite no dependa del ánimo del momento.
- Herramientas para el niño. Con juego y a su edad, aprende a nombrar lo que siente y a calmarse con ayuda de un adulto.
Si en la evaluación aparece la duda de algo más, como dificultades de atención, de lenguaje o de aprendizaje, se conversa con ustedes y se plantea qué valoración conviene.
Qué esperar
Los cambios suelen empezar por los adultos. Cuando la respuesta en casa se vuelve más tranquila y previsible, muchos niños prueban al comienzo si el límite se sostiene, y la conducta puede empeorar unos días. Es esperable, y en el proceso se anticipa qué hacer cuando pase.
Con constancia, las escenas difíciles suelen volverse menos frecuentes y más cortas, y aparece más espacio para lo que sí funciona entre ustedes. Nadie busca un niño que nunca se enoje. Se busca que el enojo encuentre otras salidas y que la casa recupere ratos tranquilos.
Para mamás, papás y cuidadores
Sentir rabia, cansancio o vergüenza en medio de un berrinche no te convierte en mal padre o mala madre. Muchas familias lo cuentan en la primera cita. Pedir ayuda tampoco significa que hayas fallado; significa que quieres otras herramientas. Si hay más de un adulto en la crianza, ayuda que vengan juntos, porque los niños notan rápido cuando las respuestas no coinciden. Cuidarte también cuenta: con algo de descanso es más fácil responder con calma.
Con niños más grandes y adolescentes
Cuando el desafío aparece más tarde, las discusiones suelen girar alrededor del celular, las salidas o las tareas. Con ellos el trabajo cambia de forma. Se negocian acuerdos en vez de imponer reglas, y el adolescente tiene un espacio propio en consulta. Los adultos siguen siendo parte del proceso, porque los acuerdos se cumplen o se rompen en casa.
Preguntas frecuentes
¿Mi hijo tiene que venir a todas las sesiones?
No siempre. Algunas sesiones son solo con los adultos, para revisar lo que pasó en la semana y practicar respuestas. Otras incluyen al niño. Cómo se reparten se decide según su edad y lo que se esté trabajando.
¿Esto quiere decir que lo he hecho mal?
No. Las dificultades de conducta casi nunca tienen un solo origen. Influyen el temperamento del niño, su momento de desarrollo, el cansancio de todos y lo que pasa alrededor. El proceso no busca culpables, sino que la escena cambie.
¿Los berrinches pueden ser señal de algo más?
A veces. Una dificultad de atención, de lenguaje o sensorial puede estar detrás de lo que se ve como desafío, así que no siempre es desobediencia. Si en la evaluación aparece esa duda, se conversa con ustedes y se propone la valoración que corresponda.
¿Sirve si solo uno de los dos puede venir?
Sí. Conviene que participen quienes crían, pero el trabajo puede empezar con quien pueda venir. Lo que se practica en sesión se puede compartir después en casa.
¿Se puede hacer en línea?
Las sesiones con los adultos se pueden hacer en línea, desde cualquier lugar de Colombia. Con el niño, en la primera cita se acuerda qué modalidad conviene. Atendemos en Bogotá y en Cajicá. La sesión cuesta $200.000 y se paga directamente, sin autorización de la EPS.
Dónde y cómo
Presencial en Bogotá y Cajicá, y en línea desde cualquier lugar de Colombia. La consulta es particular: se paga directamente, sin trámite de autorización ni tiempos de espera. La sesión cuesta $200.000 — tarifa publicada, sin sorpresas.