Qué atendemos·Niños, adolescentes y aprendizaje
Déficit de atención e hiperactividad.
Se esfuerza el doble y rinde la mitad. En casa ya nadie sabe si es pereza, es carácter o es otra cosa.
Casi siempre la consulta llega igual: un informe del colegio, una discusión por las tareas que se repite todas las noches, y la sospecha incómoda de estar exigiéndole demasiado a alguien que no puede más. El TDAH (trastorno por déficit de atención e hiperactividad) no es falta de voluntad ni de disciplina. Es una dificultad para sostener la atención, organizar y frenar el impulso, y eso se nota más justo donde más se exige. Esta página habla de niños y adolescentes; si eres adulto, mira déficit de atención y autismo en adultos.
Lo primero que hace falta no es un tratamiento, es una respuesta: saber si es eso o es otra cosa. La inatención se parece mucho a la ansiedad, al bajo sueño, a una dificultad específica de aprendizaje o a un problema de comprensión lectora. Tratar lo que no es deja el problema intacto y añade una etiqueta.
Cómo se evalúa: dos miradas que no se sustituyen
Un diagnóstico de TDAH no sale de una prueba sola. Se necesitan dos cosas distintas, y cada una ve lo que la otra no.
- Escalas de reporte. Recogen de forma sistemática lo que las personas observan en la vida diaria. Usamos la escala Vanderbilt de NICHQ con padres y docentes en niños y adolescentes, y la ASRS v1.1 de la Organización Mundial de la Salud como autorreporte en adultos. Miden síntomas y también desempeño, que no es lo mismo: alguien puede tener síntomas y estar compensando bien, o al revés.
- Valoración neuropsicológica. Mide lo que la persona hace cuando se le pide hacerlo: atención sostenida, memoria de trabajo, velocidad de procesamiento, planeación y control del impulso. Es la parte que ninguna escala puede dar, porque un cuestionario pregunta por impresiones y aquí se observa el rendimiento directo.
Las escalas por sí solas no diagnostican, y el desempeño en pruebas por sí solo tampoco. Un niño puede rendir bien en la consulta —un espacio silencioso, con un adulto atento y una tarea corta— y desmoronarse en un salón de treinta. Por eso se cruzan las dos miradas con la entrevista y con la historia del desarrollo.
El proceso habitual son cuatro sesiones y cuesta $200.000 por sesión, $800.000 en total. Si por la edad o por lo que se esté evaluando hacen falta más, se acuerda antes de empezar. Cada sesión dura 50 minutos, y el informe se entrega la semana siguiente a las pruebas.
Ver cómo es la valoración neuropsicológicaQué se hace después
El informe no termina en una sigla. Se escribe para que se entienda sin formación clínica. Incluye qué apoyos concretos sirven en el aula y en la casa: cómo se dan las instrucciones y cómo se fragmentan las tareas. También qué ajustes de tiempo y de entorno cambian el rendimiento. Es el documento con el que un colegio puede sustentar ajustes razonables. Si quieres saber de antemano cómo se interpreta, está explicado en cómo se lee un informe neuropsicológico.
A partir de ahí, según el caso: entrenamiento de funciones ejecutivas y memoria de trabajo, trabajo conductual con la familia, acompañamiento psicológico si hay ansiedad o autoestima golpeada de años de ir a contracorriente, y modificaciones del entorno escolar. Cuando se considera la medicación, la valora la psiquiatra del equipo dentro del mismo proceso. No se manda a empezar de cero en otro lugar, y que exista la opción no significa que se use.
Qué esperar
Lo primero que cambia después de una valoración no es el rendimiento: es el trato. Cuando la casa y el colegio dejan de leer la dificultad como falta de ganas, baja el conflicto diario por las tareas. Y ese es el cambio del que dependen todos los demás. Porque un niño que lleva años oyendo que no se esfuerza deja de intentarlo mucho antes de que nadie lo evalúe.
Sobre el rendimiento: con apoyos adecuados suele mejorar. Y mejora más lo que se apoya con estructura externa —organización, tiempos, entorno— que lo que se le pide a la persona sostener por voluntad. La hiperactividad tiende a atenuarse con la edad. La inatención y la dificultad para organizarse suelen persistir en la adultez. Lo que cambia es que para entonces uno ya sabe cómo funciona y arma la vida en consecuencia en vez de en contra.
Conviene decir también lo que un diagnóstico no hace: no arregla el colegio, no obliga a nadie por sí solo y no sustituye los apoyos. Lo que hace es permitir pedirlos con sustento. Lo que decide el resultado no es la sigla — es la calidad de lo que viene después.
Preguntas frecuentes
¿Cómo saben si es déficit de atención y no otra cosa?
La falta de atención se parece a otras cosas. Puede confundirse con ansiedad, con poco sueño o con una dificultad para leer o para aprender. Por eso el resultado no sale de una sola prueba. Se cruzan cuestionarios que responden la familia y los docentes con pruebas que tu hijo o tu hija hace con nosotros, la entrevista y la historia del desarrollo.
En la consulta se concentra bien. ¿Eso descarta el TDAH?
No necesariamente. El consultorio es un lugar silencioso, con un adulto atento y tareas cortas. Un salón con treinta compañeros exige otra cosa. Lo que ven a diario la casa y el colegio también cuenta.
¿La valoración termina en medicación?
No necesariamente. Lo que sigue depende del caso y puede incluir práctica de organización y memoria, trabajo con la familia o ajustes en el colegio. Si hay ansiedad o la autoestima está golpeada, se suma acompañamiento psicológico. Si se considera la medicación, la valora la psiquiatra del equipo dentro del mismo proceso. Que la opción exista no significa que se use.
¿Qué recibe el colegio?
Un informe escrito para que se entienda sin formación clínica. Dice qué apoyos sirven en el aula y en la casa: cómo dar las instrucciones, cómo dividir las tareas y qué cambios de tiempo y de lugar ayudan. Con él, el colegio puede sustentar ajustes razonables.
¿Cuánto cuesta la valoración?
El proceso habitual son cuatro sesiones de $200.000, $800.000 en total. Si por la edad o por lo que se evalúa hacen falta más, se acuerda antes de empezar. Las pruebas son presenciales, en Bogotá o en Cajicá. La entrevista inicial y la entrega del informe pueden ser en línea.
Dónde y cómo
Presencial en Bogotá y Cajicá. La aplicación de pruebas requiere presencialidad, porque varias se administran con material físico y con observación directa del desempeño. La entrevista inicial y la entrega del informe sí pueden ser virtuales. Consulta particular, sin trámite de autorización.
En Corticalia la valoración la hace el equipo de neuropsicología, y el acompañamiento terapéutico posterior lo lleva el equipo de psicología clínica que trabaja con niños y adolescentes.
También atendemos
- Déficit de atención y autismo en adultosSi quien tiene la dificultad eres tú, y viene de siempre.
- Problemas de aprendizajeCuando la dificultad está en leer, escribir o calcular, y no en sostener la atención.
- Test de inteligenciaPara separar la capacidad del rendimiento cuando no coinciden.
- AnsiedadLa preocupación sostenida también rompe la concentración y se confunde con inatención.
- Evaluación institucionalSi el colegio quiere ver esto por grado y por curso, no caso por caso.